Punto. Fue el final, solo los finales pueden ser los prólogos de un nueva historia lo dijo en algún momento Armando Chacón.
Corría el viento, se avecinaba un norte, ya el onceavo mago ha recogido su equipaje, estaba por llegar la doceava águila, notas crudas retumbaban por la oscuridad de la casa y una voz rasposa llena de angustia escalaba las paredes del taller.
Un blues recorrido por la vida de ayer, era el resultado de los individuales sonidos que rozaban la atmosfera de la casa. Esa si que era una estabilidad compleja.
Otra vez son las ocho y uno, la tristeza contrasta con aquella llama encendida que evoca un incienso, nada pasa, solo estoy estando a estar. Inesperadamente una nota, tan solo una emite un brillo incandescente que se proyecta en la pared, era un brillo disonante, se liberaba divulgando puntos esparcidos por todo el taller llegando a disolverse en la oscuridad del conjunto de las notas.
Todo era cíclico, el brillo llegaba y como llegaba se iba, dándole pie a ritmos interesantes que bajaban como una pintura espesa y viscosa de los límites de la casa. Esa si que era una estabilidad compleja.
Un tinte frío se había apoderado del taller, uno de los tres focos se había fundido, lo que hacia la necesidad de tan solo tener uno prendido, las arenas pigmentadas se dejaban iluminar.
Comenzaba todo a brotar, la naturalidad embonaba sigilosa a la atmosfera, se volvía más humano, la individualidad de las notas se incrementaba, el lenguaje era bello, la verdad delatora se sentenciaba.
El respirador tenuemente iluminado estaba ocupado, las cosas se desordenaban como un caos aparente.
Desentendiendo ese desorden, encuentro nuevos espacios, las notas han vuelto a ser una alejándome de este plano, que no me deja comprender. Solo lo toco como aquella primera vez que lo hice, el sentimiento vuelve a ser el mismo y solo el final puede ser el prólogo de una nueva historia.
-Solo corrían desesperadamente sin saber de lo que se alejaban-
Corría el viento, se avecinaba un norte, ya el onceavo mago ha recogido su equipaje, estaba por llegar la doceava águila, notas crudas retumbaban por la oscuridad de la casa y una voz rasposa llena de angustia escalaba las paredes del taller.
Un blues recorrido por la vida de ayer, era el resultado de los individuales sonidos que rozaban la atmosfera de la casa. Esa si que era una estabilidad compleja.
Otra vez son las ocho y uno, la tristeza contrasta con aquella llama encendida que evoca un incienso, nada pasa, solo estoy estando a estar. Inesperadamente una nota, tan solo una emite un brillo incandescente que se proyecta en la pared, era un brillo disonante, se liberaba divulgando puntos esparcidos por todo el taller llegando a disolverse en la oscuridad del conjunto de las notas.
Todo era cíclico, el brillo llegaba y como llegaba se iba, dándole pie a ritmos interesantes que bajaban como una pintura espesa y viscosa de los límites de la casa. Esa si que era una estabilidad compleja.
Un tinte frío se había apoderado del taller, uno de los tres focos se había fundido, lo que hacia la necesidad de tan solo tener uno prendido, las arenas pigmentadas se dejaban iluminar.
Comenzaba todo a brotar, la naturalidad embonaba sigilosa a la atmosfera, se volvía más humano, la individualidad de las notas se incrementaba, el lenguaje era bello, la verdad delatora se sentenciaba.
El respirador tenuemente iluminado estaba ocupado, las cosas se desordenaban como un caos aparente.
-En realidad están ingresando a otro orden, no comprensible desde esta
tridimensionalidad-
Desentendiendo ese desorden, encuentro nuevos espacios, las notas han vuelto a ser una alejándome de este plano, que no me deja comprender. Solo lo toco como aquella primera vez que lo hice, el sentimiento vuelve a ser el mismo y solo el final puede ser el prólogo de una nueva historia.
Diapositiva #02: 10. 8.22
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